Se consolida la nueva etapa del colegio Guido Spano

Fundado en 1922, la institución educativa de Billinghurst al 1300 lleva dos años funcionando como cooperativa, gestionada por docentes y familiares de estudiantes.

                                                    por Juan Manuel Castro

En el colegio Guido Spano, ubicado al 1300 de la calle Billinghurst, hay alegría por esta nueva etapa, donde el proyecto de cooperativa se consolida, a casi dos años de aquel vaciamiento que puso en alerta a la comunidad de docentes, padres y estudiantes.

Según un texto de Clarín, aquel 31 de diciembre de 2013, fue, para todos ellos, la noche de Fin de Año que menos esperaban. En la puerta del colegio había un camión de mudanzas listo para sacar todo del edificio. Según denunció luego la comunidad educativa, los dueños de aquel Guido Spano intentaron usar la fecha de año nuevo para borrar a toda una institución, a su historia, a sus alumnos, a sus trabajadores.

Cuenta el artículo que ante un llamado de alerta toda la comunidad actuó más que rápido, como en una urgencia. Y así logró no solo frenar el vaciamiento, también, con todo coraje, pudo parar ese camión y empezar a pensar en qué hacer, cómo salvar el colegio, cómo recomenzar.

Desde ese entonces se constituyó una cooperativa para mantener el colegio abierto y garantizar la continuidad en este establecimiento de Palermo. Hoy, dos ciclos lectivos después, pueden decir que esa historia sigue. Y que el presente es el Nuevo Guido Spano, uno de los pocos establecimientos privados de la Ciudad que se reconstruyeron como cooperativa.

Rosa Varjabedian es la actual rectora del colegio, donde empezó a trabajar en 1993. «Hubo varias crisis previas… En 1993, entre los tres niveles superaban los 1.200 alumnos, pero a fines de 2013 en secundaria apenas habían alrededor de 120», contó al matutino citado. «Directamente había cerrado y no teníamos un dueño con quién hablar. Dudaba mucho del futuro de la cooperativa. Yo siempre he sido docente y jamás me había autogestionado. El primer año fue muy difícil, para todos, un año en que todos debimos aprender nuestros nuevos roles y acostumbrarnos a ello», sumó.

Sin embargo, lo lograron. Crecieron. Y todavía crecen. La cooperativa, armada y defendida a diario como aquel diciembre, empezó a generar un nuevo centro cultural también abierto a la comunidad. Todo un logro que involucra a los barrios de Palermo y Recoleta. Y a los otros que lo rodean.

El gran cambio que se ve es que, todos juntos (docentes, empleados, padres, alumnos y vecinos), lograron armar un nuevo sistema educativo, con objetivos académicos basados en valores, en solidaridad y cooperativismo.

De aquel edificio que casi se pierde, por ejemplo, ya no hay paredes azules, pero todavía queda la escalera de madera casi centenaria y ahora hay mucha luz: todo se pintó de nuevo y la idea es que de a poco se vayan sumando los colores que representan a las cooperativas. «Lo más llamativo fue ver a todos trabajando con amor, compromiso y esfuerzo cuando parecía casi imposible. Trabajaron día y noche para rearmar la institución y transformarla de nuevo en el segundo hogar de los chicos», según contó Judith Scolari, una de las mamás que apostó a seguir.

Y no solo se ven esos cambios: sus aulas hoy ostentan, por ejemplo, pantallas digitales que integran tecnología. Y hay intercambios con universidades, comunidades, padrinazgos de escuelas, acciones solidarias fuera de la institución y aspiraciones y sueños. Y, sobre todo, entusiasmo para lograrlos cada nuevo objetivo, reseña el diario.

Ese entusiasmo es lo que el trabajo colectivo y jornadas enteras de debates y propuestas unieron a la cooperativa para llegar a ser lo que es hoy: un lugar en el que todos tienen voz. «Mis deseos es ver en unos años a mi hija recibir su título secundario acá. Sigo apoyando este proyecto que nació de un desalojo y una estafa… Sin imaginarlo, fue el principio de algo grande: el renacer desde el pozo», agregó Judith.

Rosa se queda con la esperanza: «El primer año el objetivo fue pasarlo. Este 2015, en cambio ya espero que todas las metas y proyectos que hemos presentado en el Ministerio de Educación se puedan cumplir y así, de a poco, poder lograr que el Guido vuelva a ser el colegio de excelencia que una vez fue».

Juan Manuel Castro