A 150 años de la aparición del primer caso de fiebre amarilla en la CABA


A 150 años de la aparición del primer caso de fiebre amarilla en la CABA
El 27 de Enero de 1851 se detectó el primer caso de fiebre amarilla en la Ciudad de Buenos Aires. Se trató de una terrible epidemia que se extendió por más de 140 días y que los costó la vida a cerca de 14.000 habitantes. En esta nota te contamos cuál fue el contexto en el que se desarrolló la epidemia, y también sobre el dato curioso de que, pese a todo, ese año se celebró el Carnaval. #fiebreamarilla #epidemia #Argentina #ciudaddeBuenosAires

 

El mal castigó con mayor fuerza a los barrios del sur, donde se concentraba el mayor número de pobladores; en esta zona, el rápido crecimiento de la población terminó desbordado la infraestructura de las viviendas que no estaban preparadas para resistir ese aumento.

Los miembros de la clase alta se trasladaron al norte, transformando en residenciales zonas como Belgrano, y en menor medida a Flores, que hasta ese momento estaban dedicadas a quintas de fin de semana o lugares de paseo de los sectores más acomodados.

Por otro lado, el sur comenzó su declinación y fue ocupado por las clases medias y bajas que se instalaron en algunas de las viejas casonas “patricias” y las convirtieron en conventillos.

La cantidad de muertes registradas colmaron la capacidad del Cementerio del Sur (ubicado donde hoy se encuentra la plaza “Ameghino”) y, en gran medida, también ocurrió lo mismo con el Cementerio de la Recoleta, lo que obligó a habilitar un nuevo espacio: el Cementerio de la Chacarita.

Pero la epidemia de fiebre amarilla, además de las consecuencias fatales y el desarrollo del norte y el deterioro del sur, sumó otro tipo de cambios relacionados con las mejoras sanitarias y las obras de infraestructura.

En el mismo 1871, en la plaza “Lorea” se construyó el primer gran tanque de agua, con capacidad de 1000 m3.

Al poco tiempo se creó un organismo estatal que sería el precedente de Obras Sanitarias de la Nación y, en 1874, el ingeniero Bateman inició la construcción de la red de distribución de agua que, en 1880, proveía a la cuarta parte de la ciudad.

Mabel Crego, en su nota Los barrios del sur fueron los mas afectados por la fiebre amarilla, cuenta cuáles fueron las razones por las cuales la peste se diseminó de esa manera: 

  • La guerra del Paraguay finaliza, a través de la vía fluvial del Paraná el flagelo penetra en la nuestra ciudad por el puerto, radicándose en San Telmo y los barrios Barracas, Catedral al Sur, San Miguel, Balvanera, Montserrat, San Nicolás, La Boca entre otros.
  • La población de Buenos Aires, bebía el agua de los pozos de la primera napa,  con aguas pluviales en los aljibes, en su mayor parte contaminada por materia fecal de los “watter closset”,  recién instalados.
  • El servicio de aguas corrientes era casi nulo, lo administraba la empresa de Ferrocarril del Oeste.
  • Los pantanos en las calles y los bajos de la ciudad se rellenaban con basura.
  • Los aguateros vendían el agua del río,  sin importarles en qué condiciones se encontraba.
  • El flujo inmigratorio se acrecentaba, hacinándose en los barrios del Sur, en conventillos, sin que se dispusiera desde el punto de vista sanitario, las medidas necesarias para contenerla.
  • Todo era foco de epidemia, los conventillos, los mercados, los corrales, los saladeros, las aguas del riachuelo.
  • El excesivo calor, la gran sequía que asola la ciudad y las deficientes condiciones sanitarias, favorecieron el desarrollo del mosquito Aedes aegypti por los barrios de la ciudad, la comisión de higiene y los médicos ignoraban al enemigo oculto del cual poco se sabía y nada se sospechaba.
  • En estas condiciones encontró la epidemia a esta ciudad, las autoridades se encontraron sin saber que hacer, superando su incremento a  todo calculo y causando un pánico difícil de describir.

Carlos Suárez, es su nota A propósito de la Epidemia de Fiebre Amarilla de 1871, nos pone al tanto de que

«El 28 de junio de 1871, el Consejo de Higiene Pública informaba al Gobierno que el brote de fiebre amarilla desatado sobre Buenos Aires desde los primeros días de febrero de ese año, había perdido su carácter epidémico. El balance provisorio en cuanto a las vidas humanas que ha costado, es de alrededor de 14.000 personas, según las estimaciones de Mardoqueo Navarro, José Penna y Guillermo Rawson.

Mediados de 1871. Una ciudad abatida, conmovida, se replantea dramáticamente el tema de la higiene. No puede hacerse caso omiso a la experiencia, a la catástrofe. En el parlamento y el periodismo, en las sociedades científicas y las comisiones municipales por parroquia, se debate con amplitud el tema. Las coincidencias son varias sobre las medidas a tomar. La Comisión Popular de Socorro, surgida en un mitin convocado por los diarios había propuesto las siguientes:

  1. Creación de Comisiones por barrio
  2. Dictado de un reglamento de higiene pública
  3. Abolición de los conventillos
  4. Nombrar una Comisión Permanente de Obras Públicas
  5. Limpiar el Riachuelo y prohibir su uso como cloaca
  6. Prohibir la nivelación de las calles con basura».

Susana Boragno, en su nota Tiempos de Cólera y Fiebre Amarilla en la ciudad de Buenos Aires relata que :
«a pesar de esos dramáticos momentos se celebró el Carnaval. La prensa escrita es una muy buena fuente de información para seguir los acontecimientos. El Diario El Nacional ofrecía artículos de las mejores fábricas alemanas e inglesas. ¡Apúrense compradores…¡ Se invitaba a los vecinos a adornar sus casas. El Diario La Tribuna ofrecía su imprenta para toda clase de impresiones, carteles, y le proponía hacerle sus canciones… todo más pronto y más barato… El diario La República anunciaba que “en Maipú 27 se encuentra el mayor surtido en decoración de balcones. En Florida 202, se venden pomitos, desde 25 pesos». Los reclames publicitarios no delataban el desastre, pero en otras secciones de los diarios mostraban la otra cara y se informaba la cantidad de fallecidos. Al año siguiente el diario La Nación, recordaba que las comparsas se habían convertido en procesiones fúnebres».

Fuentes:

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