Vecinos de la Comuna 14 reúnen firmas en la Plaza Inmigrantes de Armenia, los días martes de 15 a 17, en Malabia entre Nicaragua y Costa Rica (junto a la Calesita), para pedir al Gobierno porteño que haga cumplir la Ley 1540 y refuerce los controles. Pero podés firmar todos los días en la boletería de la Calesita. La petición está dirigida al jefe de Gobierno @gcba, @jorgemacri, la vicejefa de Gobierno @clara.muzzio, el jefe de Gabinete de Ministros @g.zinny, el ministro de Espacio Público @ignaciobaistrocchi, el presidente de la Agencia de Protección Ambiental @renzomorosi, el presidente de la Comisión de Ambiente de la Legislatura porteña @alejandrogrillook y el director ejecutivo de la AGC @agc_control @manuelmode
Vecinos de la Comuna 14 reúnen firmas para una petición que reclama al Gobierno de la Ciudad que se garantice el cumplimiento efectivo de la Ley 1540 de Control de la Contaminación Acústica y de su normativa reglamentaria, y que se fortalezcan los mecanismos de fiscalización, inspección y control destinados a prevenir, controlar y corregir la contaminación acústica. Tuvimos que explicar varias veces que no buscamos que se vayan, sino que podamos convivir todos en armonía y que los establecimientos comerciales respeten las normas sobre ruido. Claramente, lo que se busca, es negocios y habitantes del barrio puedan convivir todos en armonía y que los establecimientos comerciales respeten las normas sobre ruido.
El texto completo de la petición se puede leer desde este enlace.
Dónde firmar
El punto de reunión es la calesita de la Plaza Inmigrantes de Armenia, en la calle Malabia entre Nicaragua y Costa Rica, en Palermo:
- los martes, de 15 a 17, hay personas juntando y explicando el alcance de la petición,
- todos los días se puede firmar en la boletería de la Calesita.
A quiénes está dirigida
La petición está dirigida:
-
al jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Jorge Macri @gcba, @jorgemacri
-
a la vicejefa de Gobierno: Clara Muzzio @clara.muzzio
-
al jefe de Gabinete de Ministros: Gabriel Sanchez Zinny @g.zinny
-
al ministro de Espacio Público: Ignacio Miguel Baistrocchi @ignaciobaistrocchi
-
al presidente de la Agencia de Protección Ambiental: Renzo Néstor Morosi @renzomorosi
-
al presidente de la Comisión de Ambiente de la Legislatura porteña: Alejandro Omar Grillo @alejandrogrillook
-
al director ejecutivo de la Agencia Gubernamental de Control (AGC): José Manuel Ramos @agc_control @manuelmode
Una ley “de avanzada” que, según los vecinos, no se cumple
La petición recuerda que la Ley 1540 fue sancionada por unanimidad hace más de dos décadas y que constituyó un hito fundamental para el ordenamiento ambiental de la Ciudad en materia acústica. Sin embargo, señala que la realidad actual plantea nuevos desafíos: la transformación urbana, la expansión de la actividad gastronómica y comercial, los nuevos usos del espacio público y la multiplicación de fuentes sonoras requieren que la contaminación acústica vuelva a ocupar un lugar prioritario en la agenda de la Ciudad.
Según el texto, la normativa vigente reconoce la necesidad de compatibilizar distintos derechos de la vida urbana:
- el derecho a la protección frente a los efectos nocivos del ruido;
- el derecho al descanso y al sueño;
- el derecho a la vivienda y al respeto del ámbito privado;
- el derecho a un ambiente saludable;
- el derecho a la salud de los ciudadanos;
- el derecho a desarrollar actividades económicas lícitas;
- el derecho al uso y disfrute del espacio público;
- el derecho a una convivencia urbana adecuada.
Los firmantes sostienen que estos derechos no deberían plantearse como necesariamente contrapuestos y que la ley establece un marco para compatibilizarlos. “El desafío actual no es elegir entre actividad económica y descanso, ni entre uso del espacio público y derecho a la tranquilidad”, plantean: el desafío es que puedan coexistir dentro de los límites de la normativa.
“Los vecinos no podemos ni debemos convertirnos en inspectores permanentes”
El documento advierte una creciente conflictividad, en distintos sectores de la ciudad, por las emisiones sonoras de actividades comerciales, gastronómicas y recreativas y por el uso del espacio público. Reclama una respuesta institucional que no dependa exclusivamente de la capacidad de los vecinos para denunciar, documentar y reclamar de manera reiterada.
Recuerda que la normativa asigna al Gobierno porteño responsabilidades concretas de prevención, inspección, vigilancia y control, y facultades para exigir medidas correctoras. Por eso afirman que no corresponde que quienes sufren la afectación carguen de manera individual y reiterada con detectar, documentar, denunciar y hacer el seguimiento de situaciones cuya fiscalización corresponde a los organismos competentes.
Piden que el Gobierno fortalezca las políticas de prevención, evaluación, fiscalización y control y que desarrolle mecanismos capaces de detectar y corregir los incumplimientos en las condiciones reales en que se producen. Y resumen: “La Ley 1540 existe. El desafío actual es garantizar que se cumpla”.
Relevamiento preliminar de las principales problemáticas
A. Aceptación social del daño y desconocimiento de derechos y obligaciones. La creciente normalización de ciertas situaciones de contaminación acústica, por ejemplo parlantes en fachadas o dirigidos hacia el exterior, que se perciben como parte inevitable de la vida urbana aunque puedan afectar la paz, el descanso, la salud y la convivencia. A esto se suma la falta de información de algunos comerciantes sobre sus derechos y obligaciones respecto de las leyes y normativas vigentes.
B. Fuentes y ocupación del espacio público. La petición enumera:
- la proliferación de la actividad comercial en general y gastronómica en particular, diurna y nocturna, de lunes a lunes;
- el fácil acceso a aparatos de reproducción sonora cada vez más potentes e inalámbricos;
- viviendas diseñadas como residenciales que pasaron a ser comercios, sin diseño de acustización;
- el problema de las bajas frecuencias o “graves”;
- parlantes instalados en fachadas o en el interior de establecimientos y orientados hacia la calle;
- parlantes y clientes en terrazas, patios internos y otros espacios sin la debida mitigación acústica, y la promoción de terrazas particulares para fiestas o eventos privados;
- patios habilitados y emisión sonora en pulmones de manzana;
- decks con parlantes e instalaciones eléctricas;
- mesas y clientes que ocupan ochavas y otros sectores de la vía pública;
- la concentración de múltiples fuentes de ruido antropogénico en determinados sectores;
- habilitaciones de locales sin considerar los códigos urbanísticos;
- chimeneas y sistemas de extracción, ventilación y refrigeración;
- obras en construcción;
- mascotas y caniles;
- sirenas de estacionamientos;
- motocicletas de delivery y caños de escape de autos.
C. Desvirtuación de rubros e incumplimiento de horarios. DJs, shows, eventos, extensión de horarios y transformación de establecimientos gastronómicos en espacios de entretenimiento, cuando la modalidad, intensidad, duración u horario de las actividades genera un impacto acústico que excede las condiciones propias de la actividad autorizada.
D. Problemas del sistema de control. Reiteración de denuncias sin resolución efectiva, falta de seguimiento, dificultades para acreditar y documentar las situaciones denunciadas, medidas correctivas que no logran prevenir la reiteración, y reapertura o continuidad de actividades sin que se haya resuelto el problema que originó las actuaciones. Según el texto, esto puede obligar a los afectados a soportar la afectación durante períodos prolongados mientras intentan acreditar los hechos, denunciar y obtener una respuesta de los organismos competentes.
Lo que solicitan
- Que se garantice la aplicación efectiva de la Ley 1540 en todo el ámbito de la Ciudad.
- Que se fortalezcan los mecanismos de fiscalización, inspección y control con controles eficaces, periódicos y verificables de las fuentes emisoras, en especial las que generan afectaciones reiteradas. Deberían contemplar la ubicación y orientación de parlantes; terrazas, patios y todo ambiente exterior; la ocupación de ochavas y veredas; los sistemas de ventilación y refrigeración; las emisiones de chimeneas y otros equipos; los horarios efectivos de funcionamiento; y la correspondencia entre la actividad desarrollada y el uso autorizado.
- Que se intensifique la capacitación en las áreas de control y seguridad y, en particular, en los protocolos de medición.
- Que se evalúe la eficacia del régimen de faltas y sanciones, con seguimiento de los establecimientos que reiteren infracciones o denuncias, para verificar que las medidas adoptadas corrijan efectivamente las situaciones constatadas.
- Que se realicen campañas de concientización y se informe públicamente sobre los mecanismos para denunciar, los organismos responsables y los procedimientos aplicables, para facilitar el acceso a una respuesta efectiva. El texto cita la evidencia de la OMS sobre los efectos del ruido ambiental en la salud.
- Que se actualice y utilice el mapa de ruido de la Ciudad como herramienta permanente de diagnóstico, planificación, prevención y evaluación de políticas públicas, para identificar zonas de concentración de fuentes sonoras y orientar la fiscalización.
- Que se agilicen los procedimientos de denuncia, constatación y resolución, y que se incorporen y valoren los registros preliminares de los vecinos (fechas, horarios, videos, fotografías y otras pruebas). Además, que durante el trámite puedan adoptarse medidas preventivas o de mitigación para evitar que la afectación se prolongue hasta la resolución definitiva.
- Que se establezcan o refuercen medidas de mitigación acústica adecuadas a cada actividad y fuente emisora, como tratamiento acústico de espacios cerrados, barreras o soluciones en espacios abiertos y otras medidas técnicamente apropiadas.
- Que se evalúe la necesidad de incorporar criterios de impacto acústico en las actividades que puedan generar una afectación significativa (bares, restaurantes, etc.).
Una convivencia posible
La petición aclara que no pretende impedir el desarrollo de actividades económicas ni culturales, sino que se desarrollen dentro de los límites legales, para lograr una convivencia adecuada con el uso residencial de la Ciudad.
Concluye que el ruido debe incorporarse a la agenda porteña como un problema ambiental y de salud pública, ya que la evidencia científica disponible demuestra que la exposición al ruido ambiental puede afectar el descanso, el bienestar y la salud de la población. Por eso, su prevención y control deben formar parte de la planificación y la gestión urbana. “Los ciudadanos de la Ciudad de Buenos Aires tenemos el derecho a vivir en paz y en un ambiente saludable”, afirma el texto, que pide una respuesta concreta.
Descubre más desde Palermo Mio
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

