Oculta a la vista de miles de personas que atraviesan diariamente Palermo, una auténtica columna romana de más de 2.000 años de antigüedad guarda una historia que conecta a Buenos Aires con el corazón del antiguo Imperio Romano.
Todos los días, miles de personas pasan por Plaza Italia. Algunos caminan hacia el subte, otros visitan el Ecoparque, recorren el Jardín Botánico o se dirigen a La Rural. En medio de ese movimiento constante, hay una pieza histórica que suele pasar inadvertida para la mayoría de los vecinos y visitantes.
A pocos metros del monumento a Giuseppe Garibaldi se encuentra una auténtica columna romana de más de 2.000 años de antigüedad. Sí, una pieza que ya existía cuando Buenos Aires ni siquiera era un proyecto imaginable y que hoy forma parte del paisaje cotidiano de Palermo.
Quienes la descubren por primera vez suelen sorprenderse. No tiene grandes carteles ni ocupa un lugar central en la plaza. Está allí, integrada al entorno, como si siempre hubiera pertenecido al barrio. Sin embargo, su historia comienza al otro lado del océano y varios siglos antes de nuestra era.
La columna formó parte del antiguo Foro Romano, el corazón de la vida pública de Roma. Por ese espacio pasaron emperadores, comerciantes, soldados y ciudadanos que protagonizaron algunos de los capítulos más importantes de la historia occidental.
Con el paso del tiempo, la pieza sobrevivió a transformaciones urbanas, guerras y cambios de época hasta que, en 1955, fue donada a la Argentina por el gobierno italiano como símbolo de amistad entre ambos países. Fue instalada en 1959, en Av. del Libertador y Luis María Campos. Fue trasladada a su ubicación actual, Plaza Italia, en 1961, siendo uno de los espacios públicos más emblemáticos de Palermo. Rodeada por árboles, avenidas y edificios modernos, genera un curioso contraste entre dos mundos separados por más de veinte siglos de historia.
Su llegada a Buenos Aires representó mucho más que el traslado de un elemento arquitectónico. Se trataba de un fragmento auténtico de la antigua Roma que encontraría un nuevo hogar en una ciudad joven en comparación con las grandes capitales europeas.
Quizás por eso resulte tan fascinante. Mientras la Ciudad cambia, crece y se transforma, esta pieza continúa allí como testigo silencioso del paso del tiempo. Miles de personas la cruzan cada día sin advertirlo, aunque muy pocas ciudades pueden presumir de tener un fragmento original de la antigua Roma en una de sus plazas.
La próxima vez que pases por Plaza Italia, vale la pena detenerse unos minutos para buscarla. Puede que descubras que uno de los tesoros históricos más sorprendentes de Buenos Aires estuvo siempre delante de tus ojos.
Tiene una placa que dice: «Columna Romana Donada por la Alcaldía de Roma en 1955, procedente de su patrimonio cultural, a la Municipalidad de Buenos Aires».
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