El barrio de Palermo nació por una historia de amor

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Ciudad de la Trinidad en el puerto de Santa María de los Buenos Aires.
La historia de amor entre Juan Domingo de Palermo e Isabel Gómez y los esfuerzos mancomunados de esa pareja y de Don Juan Manuel Rosas, Don Faustino Sarmiento, Don Nicolás Avellaneda y el yerno de Roca, el Barón Demarchi, solo por mencionar algunos, convirtieron a Palermo en el barrio maravilloso que conocemos hoy en día. Lo que te contamos en esta nota no es verso, es pura historia. #palermo #juanmanuelderosas #faustinosarmiento #nicolasavellaneda #demarchi #hansen

Juan de Garay arribó a nuestras tierras, la que hoy es la ciudad de Buenos Aires, allá por 1580. A poco de llegar distribuyó 58 suertes o chácaras (parcelas) entre aquellos que vinieron con él a establecerse en las nuevas tierras, 12 de ellas estaban ubicadas en el que es hoy el barrio de Palermo.

Miguel Gómez de la Puerta y Saravia fue el receptor de un solar que comenzaba en las hoy conocidas como calle Austria y Av. Las Heras, pero no se instaló allí, sino que vivía en lo que aquél entonces era el centro de la ciudad.

Tres años después, en 1583, Juan Domínguez de Palermo (siciliano, cordial, ilustrado, que trabajaba como  regidor del Cabildo) e Isabel Gómez (hija de Miguel Gómez de la Puerta y Saravia) se enamoraron y contrayeron nupcias el día 25 de junio de 1590.

Don Miguel les cedió el terreno y, ni lerdo ni perezoso, Juan comenzó a trabajar esas tierras para cultivo de frutales. En poco tiempo, la venta del producto de sus campos le proporcionó buenos ingresos (es preciso recordar que, en los primeros tiempos, casi no llegaban mercaderías al Río de la Plata).

Podemos imaginarnos a Juan Domínguez de Palermo labrando y plantando entusiasmado, extendiendo sus tierras con los beneficios de las ventas de los frutos obtenidos con el «sudor de su frente». Tanto fue así que llegó a ser uno de los principales terratenientes de aquél territorio.

Los Pagos del Monte Grande ocupaban desde Retiro hasta San Isidro: incluían el partido de Vicente López, el partido de San Martín y el barrio de Belgrano y, las tierras de Don Juan que, en un principio eran solo un pedazo de tierra, comenzaron a divisarse en la zona. Tanto fue así, que esas tierras dejaron de considerarse como pertenecientes a los Pagos del Monte Grande, para ser conocidas como «las tierras de Palermo«. Claro está que Don Juan fue ampliando el rubro y no solo cultivó frutales, sino también fue proveedor de carne, sembrador de trigo y propietario de las llamadas en su tiempo «Viñas de la Punta de Palermo”. También se dedicó a la política, siendo colaborador del Gobernador Hernando Arias de Saavedra, auxiliándolo con «caballos, bastimentos y personas”. Por todo esto, Juan Dominguez de Palermo, tuvo ascendente social y una bien ganada reputación como vecino distinguido del primitivo Buenos Aires.

Posteriormente, llega a Buenos Aires una imagen del negro San Benito (de origen etíope, nacido en Sicilia) que era honrado como el santo de la servidumbre: su imagen fue emplazada en una capilla en las tierras de Palermo y despertó tal devoción que el lugar dejó de ser conocido como las «Tierras de Palermo» para ser identificado como «Palermo de San Benito«. También es cierto que algunos historiadores atribuyen el nombre del barrio al apellido de Don Juan. Y otros hablan sobre la suegra de un Sr. Torrecillas, dueña de primer terreno que compró Rosas, y dicen que es la responsable del nombre del barrio, porque denominaba «Arroyo de Palermo» a un curso de agua cuya vista, sumada al humo que salía de los mataderos, le traía recuerdos de su viaje a Sicilia. La historia siempre tiene varias lecturas.

Al morir Miguel Gómez de la Puerta y Saravia, aproximadamente en 1606, la quinta principal pasó a ser propiedad de Isabel Gómez, su hija, y por ende, de Juan Domínguez de Palermo, su yerno.

Juan e Isabel tuvieron cuatro hijos: Catalina, Miguel, Isabelita y Juana:

  • Catalina Palermo Gómez, tuvo dos nupcias. En primer lugar con Martín de Ávila, y más tarde con Bernardo de San Juan.
  • Miguel, falleció muy joven, luego de haber sido padre de Manuela Gómez. Su padre le había dejado de herencia en vida (recordemos que era su único hijo varón) una buena parte de las tierras de Palermo y, además, 600 vacas, 1500 ovejas, 18 bueyes y 60 cerdos.
  • Isabelita también se casó dos veces: primero con Felipe Morán y más tarde con Luis de Sayas.
  • Juana se esposó con Francisco de Melo.

De esta forma, gracias a la sucesión de matrimonios, las tierras de San Benito de Palermo se fueron dividiendo. Y mucho más aún cuando Juan Domínguez de Palermo enviudó de Isabel Gómez de la Puerta Saravia en 1619 y contrajo segundas nupcias con María Rodríguez (de Lisboa) en 1626.

Juan y María tuvieron tres niñas:

  • María se casó dos veces: primero con Juan de Salazar y luego con Juan de Almirón.
  • Juana: murió soltera.
  • Francisca: quien al igual que su hermana Juana, murió soltera.

Juan Domínguez de Palermo falleció el 15 de junio de 1635. Sus descendientes  (nietos, bisnietos y tataranietos) se apropiaron de las tierras: algunos sacaron provecho de ellas y a otros no les fue tan bien. Las tierras, a partir de ese momento, serán reconocidas bajo la toponimia Palermo, así figura en los documentos de los años 1641, 1694 y 1771.

No faltaron las disputas por la herencia, por poner un ejemplo, Isabelita y Catalina litigaban por un sirviente negro que servía en la casa de su padre.

Pero está claro que los herederos de Palermo no se hacían ricos solo por heredarlo, ya que sus tierras eran pantanosas y con arcilla de baja calidad por consecuencia del Arroyo Maldonado, que delimitaba con precisión la zona suburbana y el campo pero atravesarlo no era tarea fácil.

En 1805, Manuel Belgrano, en aquél momento Secretario del Consulado (algo así como un Secretario de Comercio) consiguió que se construyera un puente que cruzara el Arroyo Maldonado.

A partir de ese momento, el barrio de Palermo comenzó su desarrollo y evolucionó gracias a los episodios que, brevemente, describiremos a continuación.

En 1808, el virrey Santiago de Liniers y Bremond oficializó el Partido de Palermo, autorizando su creación, separándolo del Partido de San Isidro. Desde ese momento, cada año, se elegiría un alcalde que sería la máxima autoridad competente.

En 1836, Juan Manuel de Rosas adquiere una fracción de terreno en Palermo, donde construyó su casa, y la convirtió en sede de su gobierno.

Reconstrucción hecha por Leonnie Matthis del interior de la habitación de Manuelita Rosas.

En la imagen vemos la  reconstrucción, hecha por Leonnie Matthis, del interior de la habitación de Manuelita Rosas.

En 1838 muere su esposa, Encarnación Ezcurra. Rosas comienza a comprar tierras y escritura, ese año, 9 tierras en Palermo, desde el lugar que hoy conocemos como Austria y Las Heras hacia el norte.

En 1839, Don Juan Manuel de Rosas escritura ocho quintas más.

Rosas construyó, en las tierras adquiridas, una casa provisoria de seis ambientes, mientras que, pegada a ella, en Av. Sarmiento entre Av. del Libertador y Av. Figueroa Alcorta, comenzó a construir una casona de 20 ambientes y 5900 metros cuadrados cubiertos. Gracias a un ejército de paisanos, que transportaron la tierra desde Belgrano, pudo solucionar los desniveles y los pantanales que aquejaban a su propiedad. Las hoy reconocidas Barrancas de Belgrano no existían hasta que Don Juan Manuel de Rosas decidió que la tierra se extrajera de allí.

Rosas continuó adquiriendo tierras, hasta 1849: su propiedad llegó hasta la Av. Monroe, en el barrio de Belgrano.

Las tierras de Don Juan Manuel de Rosas abarcaban una totalidad de 541 hectáreas que destinó a uso público, para ello cercó los alrededores de su casa y mandó a construir senderos para que todos (porteños y extranjeros) pudieran pasear por allí. En sus tierras había un pequeño zoológico y, sus caballerizas, (ubicadas en el hoy Jardín Botánico) eran de excelencia. Cientos de empleados, cada mañana, eran los responsables de lavar, con agua y jabón, los miles de naranjos que contrarrestaban los malos olores que padecía la ciudad de Buenos Aires.

Palermo de San Benito

Al caer el gobierno de Rosas, también decayó Palermo, ya que salvo en un breve período en que gobernó Justo José de Urquiza desde el caserón de Rosas, el poder se trasladó otra vez al centro.

Fue un acérrimo enemigo de Rosas, Domingo Faustino Sarmiento, quien le restituyó el esplendor al barrio de Palermo: su meta fue llegar a inaugurar el Parque antes de que finalizara su presidencia, pero no lo consiguió. Fue Nicolás Avellaneda (que había sido Ministro de Educación de Sarmiento) quien lo sucedió en el cargo y, el jueves 11 de noviembre de 1875, con la presencia de 30000 personas, junto a Sarmiento, inauguró el Parque 3 de febrero, denominado así en alusión a la batalla de Caseros, donde Rosas cayó derrotado en 1852. Sarmiento y Avellaneda tuvieron un desacuerdo con respecto al acto inaugural: el presidente quería plantar una magnolia pero Sarmiento insistía con colocar un pino… obviamente se impuso el criterio de Avellaneda, pero Sarmiento pudo ubicar su pino en otro lugar. En el momento de la inauguración del parque, la Casona de Rosas fue destinada al uso del Colegio Militar.

Café de Hansen

En 1877, en una casa adyacente a la Casona de Rosas comenzó a funcionar el Café de Hansen, hasta 1912, en la intersección de las avenidas Figueroa Alcorta y Sarmiento, en la esquina opuesta al Planetario. Su dueño, un inmigrante alemán llamado Juan Hansen quien lo dirigió entre 1877 y 1892, año en el cual falleció. Lo sucedió por veinte años más el Sr. Anselmo Tarana.

Más tarde se crea el Jardín Zoológico que, en un primer momento, estaba ubicado cercano a la estatua de Sarmiento, cruzando la Av. del Libertador (que se llamaba Av. Alvear en aquél momento). El predio fue propiedad del Estado Nacional hasta que el 30 de octubre de 1888 fue transferido a la municipalidad de Buenos Aires. Fue así que el Intendente de la ciudad, Antonio Crespo, creó el Zoológico de Buenos Aires, que fue separado del parque. Eduardo Holmberg fue su primer director. Por ese momento, el intendente era Alberto Casares. Entre Holmberg y Casares hubo varios cruces y Holmberg fue reemplazado por Clemente Onelli, naturalista italiano, quien desempeñó su cargo desde 1904 hasta que falleció, en 1924, momento en que sufrió un paro cardíaco mientras viajaba en taxi. Son numerosas las anécdotas que han quedado en el recuerdo, pero una de las que más se destaca, cuenta que, en 1912, Clemente Onelli fue personalmente a recibir a la primera jirafa al país, llamada Mimí, a la Dársena Norte pero, increíblemente, no hubo forma de transportar a Mimí hasta el Zoológico sin que la jirafa corriera riesgos. Pero Onelli encontró una fácil solución: le pasaron una soga por el cuello, a modo de correa, y la llevó caminando como si fuera un perro y, de esa manera, llegó Mimí a su nuevo hogar. Las construcciones realizadas para albergar a los animales, en el nuevo zoológico, fueron edificadas con una cierta mística, ya que fueron inspiradas en construcciones religiosas de diversas culturas (contenía un palacio oriental, uno árabe, un templo egipcio y uno hindú que hoy, devenido el Zoológico en Ecoparque, han sido conservados y restaurados).

Frente al Jardín Zoológico se instaló el Jardín Botánico, cuyo director fue el reconocido paisajista francés Carlos Thays. Tanto Onelli como Thays vivían, cada uno, en su jardín, acompañados de su familia y se cuenta que eran buenos vecinos. Fue inaugurado en  7 de septiembre de 1898.

El 3 de febrero de 1899, por orden del intendente Adolfo Bullrich, el Caserón de Rosas fue dinamitado.

El 25 de mayo de 1899, en el lugar que ocupaba el cuarto de Don Juan Manuel de Rosas, se inauguró el monumento a Sarmiento realizado por Auguste Rodin. En el acto estuvieron presentes el presidente Julio Argentino Roca y reconocidas personalidades.

En el año 1900, el Camino de las Cañitas pasó a llamarse Gütenberg: era una zona marginal que comprendía desde Av. Pueyrredón (llamaba en ese momento Centro América) hasta Av. Scalabrini Ortiz y, desde Av. Las Heras hasta Av. del Libertador. La zona era conocida como Tierra del Fuego dado que en esa provincia funcionaba, en aquél tiempo, la famosa cárcel más extrema de la Argentina, que recibía a los presos más peligrosos.

En junio de 1904 se inauguró el Monumento a Garibaldi, en la Plaza Italia, ubicada frente e ambos jardines.

El 29 de abril de 1908, precisamente en el Zoológico, se celebró, por primera vez, el Día del Animal, fecha arbitraria impulsada por Ignacio Lucas Albarracín, primer presidente de la Sociedad Protectora de Animales, fanático de los animales emparentado con Sarmiento. La vida tiene vueltas difíciles de descifrar y fue  precisamente un 29 de abril la fecha en que fallece Albarracín, y algunos piensan que la fecha del Día del Animal es un homenaje a su persona, pero la verdad es que no lo es, fue simplemente una ¿casualidad?.

En 1913 surgió la propuesta de realizar un túnel que uniera el Jardín Zoológico con el Jardín Botánico, que atravesara por debajo de la avenida Las Heras, a la altura de República de la India, pero el proyecto no prosperó.

El 31 de julio 1907, por Ordenanza Municipal, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires otorga a la Sociedad Sportiva Argentina «el sueldo anual de seis peones», para ser empleado en el cuidado y conservación de los «jardines de los terrenos de Palermo», a cambio de la cesión de una parte de las tierras fiscales que habían pertenecido a Juan Manuel de Rosas. Actualmente estos terrenos, situados en Av. del Libertador (en aquel tiempo a Libertador, en esa altura, se la llamaba Vértiz) y Dorrego, son sede del Campo Hípico Militar y Campo Argentino de Polo. Allí se realizaron todo tipo de actividades ecuestres: desde las clásicas carreras hasta la cinchada de caballos y la doma.

Penitenciaria en el Parque Las Heras

Bastante antes, en 1877 había comenzado a funcionar, en Av. Las Heras y Av. Coronel Díaz, la Penitenciaría Nacional, que abarcaba 112.000 m2, 22.000 de ellos eran cubiertos. Estaba provista con hospital, biblioteca, capilla, panadería y fábrica de pastas. Fue demolida en 1962 y su terreno se transformó en el Parque Las Heras, que comenzó a funcionar como tal recién en 1980, ya que después de la demolición de la Penitenciaría, su situación era incierta. Pero los vecinos se apropiaron del parque y la zona repuntó.

Palermo también tuvo una sede del Club River Plate, quien se mudó en 1923 de la Dársena Sur a Recoleta, al predio delimitado por la Av. Alvear (hoy del Libertador), la calle Tagle, la Av. Centenario (hoy Figueroa Alcorta) y la calle Austria. River Plate construyó allí un estadio que contaba con dos grandes tribunas longitudinales en el sentido de las avenidas Alvear y Centenario, y dos pequeñas rampas de tierra escalonadas en las cabeceras de las calles Tagle y Austria.

Frente al Hipódromo Argentino de Palermo se instaló la sede de la Sociedad Hípica Argentina dedicada a deportes ecuestres. Al incorporar todo tipo de competencias cambió su nombre por la Sociedad Sportiva Argentina, regenteada por el Barón Antonio Demarchi, un italiano que se había casado con Inés Roca, hija del dos veces presidente de la Nación. Con los años se convertirían en el terreno de remonta y veterinaria -conocido en todo el mundo como la catedral del Polo, con dos majestuosas canchas.

Pero también hubo otros lugares emblemáticos en Palermo según cuenta Carlos J. Fernández (2):

El Café La Paloma existió hasta 1972 en Juan B. Justo y Santa Fe, donde ahora estuvo el local de Pinturerías del Centro, y hoy en día hay un local de venta de colchones. Su época gloriosa fue cuando existía el Arroyo Maldonado en lugar de la actual Juan B. Justo. 

El «Café Argentino«, el boliche «La Garúa» o el cafe «Agua Sucia» «que abarcando el tango, el turf y el fútbol se referenciaban en el hipódromo, todos lugares por donde pasarían Bernabé Ferreira, Paquita Bernardo o Ireneo Leguisamo. Pero también otros referentes de la cultura y la política transitarían sus calles como Guido v Spano, Carriego. Borges, Roca. Roque Sácnz Peña, Alfredo Palacios, Rogelio Yrurtia o Arturo Capdevila«.

Fuentes

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