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Glaxo: cuando la violencia también transforma los vínculos – película argentina en San Sebastián

Glaxo: cuando la violencia también transforma los vínculos
Cine argentino en el Festival de San Sebastián. Entre el deseo, la amistad y la historia política argentina, Benjamin Naishtat vuelve sobre los años 50 para mostrar cómo el pasado sigue dejando marcas en el presente.

 

Glaxo comienza con el encuentro de dos amigos dentro de un cine de Chivilcoy. Es 1984, un momento histórico marcado por el regreso de la democracia después de la última dictadura militar argentina. En la pantalla se proyecta Terminator, la película de James Cameron estrenada ese mismo año. Ambos personajes miran las imágenes, pero no las reciben de la misma manera: el que acaba de recuperar su libertad, y de regresar a  su pueblo luego de haber estado en prisión, parece comprender mejor la lógica del viaje en el tiempo, mientras que el otro no termina de hacerlo con claridad.

Lo que parece apenas un encuentro entre dos amigos y una referencia al cine de los años 80, adquiere otra dimensión cuando la película retrocede hacia los años 50. El regreso al pasado convierte aquella proyección de Terminator en una clave para leer la historia: no se vuelve atrás para modificar lo ocurrido, sino para comprender cómo una serie de decisiones, silencios y violencias configuró el presente.

En los años 50, los protagonistas son cuatro amigos en el despertar de la adolescencia. Comparten el pueblo, los espacios de encuentro y el descubrimiento del deseo. En ese grupo aparece Marta, interpretada por Lali Esposito, una figura femenina que los cuatro desean sexualmente y que, en cierta medida, también endiosan. Su presencia pone en movimiento deseos, rivalidades y traiciones que ya estaban latentes y termina provocando un quiebre en la amistad. La mujer no crea por sí sola esa fractura, pero la acelera y la vuelve irreversible: a partir de entonces, el vínculo queda atravesado por la culpa, el resentimiento y la desconfianza.

La historia de los amigos y la historia política del país se espejan: en ambos casos, las reglas de convivencia dejan de sostenerse en la confianza y empiezan a depender de la vigilancia y la sospecha. Los vínculos no quedan completamente anulados: sobreviven de manera conflictiva.

A partir de ese entramado, Glaxo revela progresivamente las claves de lo ocurrido. El espectador debe reconstruir la relación de los amigos entre los años 50 y 1984. El salto temporal permite mostrar que el pasado continúa actuando sobre el presente y que sus consecuencias no permanecen intactas: se reconfiguran según el momento histórico desde el que se las observa. En 1984, después de la dictadura y con la democracia recién recuperada, aquello que ocurrió décadas antes aparece como una herida personal y, al mismo tiempo, como parte de una memoria colectiva que empieza a hacerse visible.

Naishtat, el director, parte de un episodio concreto de la historia argentina —los fusilamientos de José León Suárez, ocurridos después del levantamiento de 1956— para contar algo que excede la reconstrucción de un acontecimiento histórico. Al señalar los asesinatos, la película remite también a la investigación y a la denuncia de Rodolfo Walsh, quien reconstruyó esos hechos en Operación masacre. Esa referencia amplía el alcance político de Glaxo.

Aunque los personajes no son militantes ni parecen particularmente politizados, hay una modalidad en su accionar que impregna sus vidas. El miedo, la mentira y el abuso del poder aparecen tanto en el ámbito social como en la relación entre los amigos. La democracia recuperada no borra esas consecuencias ni restituye automáticamente las formas de convivencia destruidas. Por el contrario, vuelve más evidente la distancia entre lo que los personajes fueron, lo que hicieron y aquello en lo que terminaron convirtiéndose.

En ese proceso, la fábrica, el pueblo, los bailes y los espacios de encuentro aparecen como partes de una misma estructura comunitaria que se debilita. La fábrica concentra esa contradicción: organiza la vida colectiva, pero también queda asociada a una lógica de sometimiento y muerte. Así, el nombre Glaxo deja de designar solamente un lugar y pasa a nombrar un sistema que produce pertenencia, pero también destrucción.

La película toma como punto de partida la novela Glaxo, de Hernán Ronsino, publicada hace más de quince años, pero Naishtat construye una adaptación propia y muy personal, en la que algunos de los mecanismos que muestra pueden resonar con situaciones actuales. No porque la película establezca una equivalencia directa entre épocas, sino porque plantea qué sucede con una sociedad cuando se desarman los espacios que sostenían sus vínculos y no aparece otra forma de comunidad que los reemplace.

Hacia el final, una reflexión de Miguelito, uno de los amigos, termina de iluminar todo lo anterior: su idea de que, de algún modo, resulta lógico que haya terminado así, enfermo. La frase puede leerse como una conclusión sobre su propia historia, pero también proyectarse sobre el conjunto de la película. La traición, la culpa, el resentimiento y la brutalidad parecen haber dejado una marca no solamente en su vida, sino también en su cuerpo. Miguelito carga físicamente con algo que la película fue construyendo de manera silenciosa, casi como si encarnara el mal en sí mismo: su enfermedad aparece como una consecuencia extrema del deterioro y como la forma en que el pasado se vuelve presente dentro del cuerpo.

En lo que respecta a la puesta en escena,  el policial, los ecos del western y otras formas del cine de género se integran al ritmo, la dirección de arte y el clima de época, hasta formar una narración en la que distintas tradiciones dialogan entre sí. A ese entramado se suma Terminator, un film icónico de los años 80, cuya presencia articula el comienzo de la película con su reflexión sobre el tiempo y  la memoria

En el plano interpretativo, Marcelo Subiotto se destaca especialmente por su versatilidad. El actor logra transitar con notable precisión distintas edades, estados emocionales y capas de un personaje marcado por el pasado.

Hay en Glaxo varios momentos de genuino disfrute cinematográfico y un director que articula tiempos e influencias: una película cuyo sentido se completa cuando sus distintas capas terminan de encontrarse.

Glaxo (Brasil, Argentina/2026). Glaxo: cuando la violencia también transforma los vínculos

  • Dirección: Benjamín Naishtat.
  • Elenco: Lali Espósito, Marcelo Subiotto, Esteban Bigliardi, Esteban Lamothe, Manu Fanego, Alan Sabbagh y Joaquín Bonadeo.
  • Guión: Benjamín Naishtat, basado en la novela homónima de Hernán Ronsino.
  • Fotografía: Pedro Sotero.
  • Edición: Livia Serpa.
  • Dirección de arte: Ezequiel Galeano.
  • Sonido: Fernando Ribero.
  • Música: Shigeru Umebayashi.
  • Productoras: RT Features y Rei Pictures.
  • Duración: 107 minutos.

por Virginia Saidón para Palermo Mío
todas sus notas en https://www.palermomio.com.ar/virginiasaidon/

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