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La ilusión de un verano sin fin, película argentina ganadora del Premio Horizontes Latinos en San Sebastián

La ilusión de un verano sin fin, película argentina ganadora del Premio Horizontes Latinos en San Sebastián
A partir de una serie fotográfica que retrata a dos vecinas que conoce desde hace tiempo, Alessandra Sanguinetti logra una película amorosa y sensible, que retrata su intimidad sin invadirlas.

 

Alessandra Sanguinetti es una fotógrafa de reconocida trayectoria, cuya obra se caracteriza por la proximidad sensible con sus personajes. Esa mirada cercana y afectuosa también está presente en La ilusión de un verano sin fin, película que acaba de recibir en San Sebastián el Premio Horizontes Latinos y el premio Dama de la Juventud.

Durante 25 años, Sanguinetti acompañó fotografiando y filmando a Guillermina y Belinda, desde la infancia hasta la adultez.

A partir de ese registro construye una película íntima y personal que las incluye, así como al paisaje del campo argentino.

La película construye un retrato luminoso y profundamente íntimo de ambas, evitando en todo momento una mirada paternalista o condescendiente. Sanguinetti no las presenta como víctimas ni intenta explicar sus vidas desde afuera: les permite conservar sus deseos, sus opiniones, sus contradicciones y su propia manera de mirar el mundo. Incluso cuando atraviesan momentos difíciles, la película mantiene hacia ellas una actitud de respeto y afecto.

Hay también un gran respeto por sus protagonistas y por aquello que ellas están dispuestas a compartir. El distanciamiento que se sugiere entre ellas cuando llegan a la adultez, el matrimonio de Guillermina  o el embarazo de Belinda, que la lleva a criar sola a su hija, son aspectos que la película sugiere, pero nunca aborda sin su consentimiento. Esa decisión le da al relato una autenticidad particular y evita cualquier mirada invasiva sobre sus vidas.

Aunque Sanguinetti nunca aparece en pantalla, es indudablemente la tercera protagonista de esta historia. Las chicas le hablan, la nombran, responden a sus preguntas y se relacionan con ella desde una confianza construida durante tantos años. Su presencia se siente permanentemente detrás de la cámara. Ellas aceptan ser filmadas porque es Sanguinetti quien está allí, porque conocen su mirada y porque existe entre las tres un vínculo de afecto y confianza. Esa relación permite que se muestren con una naturalidad y una intimidad difíciles de conseguir de otro modo.

La presencia de la directora no se limita entonces a registrar sus vidas: el vínculo que construyó con ellas forma parte de la propia película. Al igual que en su fotografía, hay una cercanía que observa sin invadir, que acompaña sin juzgar y que permite que sus personajes se revelen tal como son.

Y aunque la película nace de ese vínculo personal, no funciona simplemente como una prolongación de su trabajo fotográfico. Tiene una identidad cinematográfica propia y encuentra en el paso del tiempo su materia fundamental: ver crecer a Guillermina y Belinda, observar cómo cambian ellas y cómo cambia también la relación que mantienen con quien las ha acompañado durante tantos años.

El premio Horizontes Latinos no hace más que confirmar sus propios méritos: una película de gran delicadeza y fuerza, que se ganó este reconocimiento por la solidez de su propuesta, su autenticidad y por la manera en que logra conmover.


por Virginia Saidón para Palermo Mío
todas sus notas en https://www.palermomio.com.ar/virginiasaidon/

Lucía Cancinos – Social Media Manager | Content Creator


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