Los supermercados ya no entregan bolsas de plástico

Llegó el día, vas a tener que salir de tu casa con una bolsa reutilizable, como era antes, cuando salir con el changuito o con las bolsas era una cotidianeidad. Nos fuimos acostumbrando mal, las bolsitas que nos daban en el supermercado se acumulaban en casa o las tirábamos directamente a la basura. Lo que no sabíamos es que cada bolsa tarda 150 años en degradarse. Es por esto que la Ciudad lanzó en octubre último el Programa Ecobolsas, repartiéndolas entre los habitantes porteños, para que desde el 1 de enero los establecimientos de la Ciudad dejen de entregar bolsas plásticas en su línea de cajas. Damos un cuadro de los tiempos que tardan en degradarse distintos productos de uso cotidiano.

La Ciudad lanzó en octubre último el Programa Ecobolsas que estableció que desde el 1 de enero de 2017 los supermercados e hipermercados porteños dejarán de entregar bolsas plásticas en sus líneas de cajas para promover el cuidado del medioambiente.

La iniciativa tuvo como finalidad fomentar el uso de materiales reutilizables e incluyó, hasta fin de 2016, el reparto de ecobolsas reutilizables en puntos de alto tránsito de vecinos y centros de consumo.

La Ciudad comenzó a distribuirlas en puntos de alto tránsito. Primero en la Comuna 14 (Palermo), en Costa Rica y Avenida De Figueroa, en la Plaza Unidad Latinoamericana. Y después en la Comuna 6 (Caballito): en Rojas y Avenida Rivadavia (Mercado Primera Junta) y en la boca de Subte A.

Las bolsas tradicionales tardan siglos en degradarse y eso contamina mucho el medioambiente, tapa todas las salidas de agua y son productos que complican el reciclado de basura. Por eso, desde 2017 los vecinos deberán llevar sus changuitos o bolsas reutilizables a la hora de hacer las compras, lo que implicará un gran aporte al cuidado del medioambiente.

Fabricadas con materiales reciclables, las ecobolsas que permiten ser utilizadas en reiteradas veces; También, por su tamaño, permiten trasladar la misma cantidad de productos que habría que cargar en tres o cuatro bolsas livianas.

A nivel internacional, Francia, Italia y China implementaron desde hace algunos años normas que prohíben la entrega de bolsas de plástico, del mismo modo que varias ciudades de Australia y los Estados Unidos.

Pero ya que estamos en el tema, te damos un cuadro de los tiempos que tardan en degradarse distintos productos de uso cotidiano.

1 año: El “papel”, básicamente es celulosa. Si queda tirado sobre tierra y si le toca un invierno lluvioso, no tarda en degradarse. Lo ideal es reciclarlo para evitar que se sigan talando árboles para su fabricación. 

1 a 2 años: Bajo los rayos del sol, una “colilla con filtro” puede demorar hasta dos años en desaparecer. El filtro es de acetato de celulosa y las bacterias del suelo, acostumbradas a combatir materia orgánica, no pueden atacarla de entrada. Si cae en el agua, la desintegración es más rápida, pero más contaminante.

5 años: Un trozo de “chicle” masticado se convierte en ese tiempo, por acción del oxigeno en un material duro que luego empieza a desquebrajarse hasta desaparecer. El chicle es una mezcla de gomas de resinas naturales, sintéticas, azúcar, aromatizantes y colorante artificiales.

10 años: Tiempo que tarda la naturaleza en transformar un “lata de gaseosa o de cerveza” al estado de óxido de hierro. Por lo general las latas tienen 210 micrones de espesor de acero recubierto de barniz y de estaño. A la intemperie hacen falta mucha lluvia y humedad para que el óxido la cubra.

30 años: Tarda un “aerosol” en degradarse, éste es uno de los elementos de los desechos domiciliarios más polémicos. Primero porque al ser un aerosol, salvo especificación contraria, ya es un agente contaminante por sus CFC (clorofluorcarbonados). Por lo demás su estructura metálica lo hace resistente a la degradación natural, el primer paso es la oxidación.

30 años: La aleación metálica que forma las “tapitas de botellas” puede parecer candidata a una degradación rápida porque tiene poco espesor. Pero no es así. Primero se oxidan y poco a poco su parte de acero va perdiendo resistencia hasta dispersarse.

30 años: Los “envases tetra-brik” no son tan tóxicos como uno imagina. En realidad el 75% de su estructura es de cartulina (celulosa), el 20 de polietileno puro de baja densidad y el 5 % de aluminio. Lo que tarda más en degradarse es el aluminio, la celulosa si está al aire libre, desaparece en poco más de un año.

100 años: De acero plástico, los “encendedores descartables” se toman su tiempo para convertirse en otra cosa. El acero, expuesto al aire libre, recién comienza a dañarse y enmohecerse levemente después de 10 años. El plástico en ese tiempo, ni pierde color.

100 años: Junto con el plástico y el vidrio, “el telgopor” no es un material biodegradable. Está presente en gran parte de el envoltorio de artículos electrónicos. Y así como se recibe, en la mayoría de los casos se tira a la basura. Lo máximo que puede hacer la naturaleza con su estructura es dividirla. En moléculas mínimas.

100 años: Los “corchos de plástico” están hechos de polipropileno , el mismo material de las cañitas y envases de yogurt. Se puede reciclar más fácil que las botellas de agua mineral (que son de PCV, cloruro de polivinilo) y las que son de PET (tereftalato de polietileno).

150 años: Las bolsas de plásticos, por causa de su mínimo espesor, pueden transformarse más rápido que una botella de es e material. Las bolsitas en realidad, están hechas de polietileno de baja densidad. La naturaleza suele entablar una batalla dura contra ese elemento. Y por lo general pierde.

100 a 1.000 años: Las “botellas de plástico” son las más rebeldes a la hora de transformarse. Al aire libre pierden su tonicidad, se fragmentan y se dispersan. Enterradas duran más. La mayoría están hechas de PET, un material duro de roer: los microorganismos no tienen mecanismos para atacarlos.

1.000 años: Los “vasos descartables de polipropileno” contaminan menos que los de poliestileno –material de las cajitas de huevos- Pero también tardan en transformarse. El plástico queda reducido a moléculas sintéticas; invisibles pero siempre presentes.

1.000 años: “Pilas” sus componentes son altamente contaminantes y no se degradan. La mayoría tienen mercurio, otras también tienen cinc, cromo, arsénico, plomo o cadmio. Pueden empezar a separarse luego de 50 años al aire libre. Pero se las ingenian para permanecer como agentes nocivos.

4.000 años: La “botella de vidrio” en cualquiera de sus formatos, es un objeto muy resistente. Aunque es frágil porque con una simple caída puede quebrarse, para los componentes naturales del suelo es una tarea titánica transformarla. Formada por arena y carbonatos de sodio y calcio, es reciclable en un 100%.