Ponchos en el Bicentenario en el Museo Hernández

Poncho atribuído al cacique Cayupán Lana. Tejido en telar vertical teñido con técnica de Ikat. Región pampeana, s.XIX Colección MAPJH
Poncho atribuído al cacique Cayupán – Lana. Tejido en telar vertical teñido con técnica de Ikat. Región pampeana, s.XIX – Colección MAPJH

El Museo de Arte Popular José Hernández tiene en exhibición la muestra Ponchos en el Bicentenario, bajo la curaduría de Ximena Eliçabe, que es el resultado de un trabajo de una investigación y puesta en valor de más de 60 ponchos de la colección del museo, además de contar con el aporte de otros museos y de coleccionistas privados y que arroja una nueva mirada sobre nuestro patrimonio.

Curada por Ximena Eliçabe, el Museo eligió inaugurar esta exposición a 200 años del Cruce de los Andes realizado por José de San Martín y a 70 años del fallecimiento de Carlos Daws, el coleccionista que reunió y armó esta colección.

De origen precolombino, el poncho narra la historia de caciques y paisanos, de próceres y gauchos, de jesuitas y de arrieros, de tejedores e hilanderas. La exposición propone una clave de lectura sobre estos elementos iconográficos asociados a los cambios histórico-sociales de nuestra Argentina.

Hoy el poncho aparece en importantes pasarelas internacionales, la moda en la calle también da testimonio de su aceptación como tendencia.

Poncho de 60 listas de tradición jesuítica. Seda e hilo de algodón Paraguay y áreas del litoral argentino Siglo XIX. Colección MAPJH- Foto Analia Piombino
Poncho de 60 listas de tradición jesuítica. Seda e hilo de algodón Paraguay y áreas del litoral argentino Siglo XIX. Colección MAPJH- Foto Analia Piombino

Ponchos en el Bicentenario – Colección del MAPJH

«Pocas creaciones del hombre han resultado tan funcionales como bellas, el “poncho” lo ha sido en sus múltiples cualidades, en su ancestral presencia como compañero de andanzas, texto cifrado y escudo.

Entre nosotros de origen precolombino, esta prenda que combina simplicidad con refinamiento fue rápidamente adoptada por los criollos, hasta llegar a ser un símbolo de la tradición. Participó de la historia de nuestro país tanto en las Misiones Jesuíticas donde se producían para comercializarse, como en tolderías y fortines, donde brindaban protección y abrigo.

Al ritmo de las palas y peines de los telares se fue forjando la Patria, con las manos de quienes tejían y la valentía de héroes ilustres y anónimos que portaron ponchos y lanzas para defender la independencia y la libertad.

En los parajes más remotos de nuestra Argentina, manos hábiles hilaron fino los hilos que conectan la tierra con el cosmos, entrelazaron historias y vivencias, tejieron ponchos que arroparon coplas y galopes, para yacer junto a la calidez del fogón y de la fibra.

Ponchos que engalanaron triunfos y sopesaron derrotas, señal de acuerdos, moneda corriente en la interacción de grupos étnicos o socialmente diversos. Signo de igualdad entre los hombres.

Esta muestra celebra el Bicentenario, contado a través de este símbolo de nuestra identidad que es el “poncho”.

Narra la historia de caciques y paisanos, de próceres y gauchos, de jesuitas y de arrieros, de tejedores e hilanderas, …es decir, también de todo lo que hay detrás del poncho, tanto de los personajes como de los hacedores, del paisaje natural e indómito donde nace y de los motivos que acreditan su vigencia.

La colección de ponchos del Museo de Arte Popular José Hernández, es probablemente una de las mas importantes en su tipo. La selección de piezas para esta exposición fue compleja dada la gran calidad y cantidad de este patrimonio, al que se suman algunas otras pertenecientes al acervo del Museo Histórico Nacional y de colecciones privadas.

Los núcleos temáticos de esta exposición se agrupan en función de distintas vertientes históricas, técnicas y productivas, con sus diversos aportes culturales, que se difunden con el poncho. Su uso asociado a lo indígena y a lo criollo revela una sociedad mestiza, enriquecida por lenguajes provenientes de distintas cosmovisiones, por los materiales nobles de la tierra, por la abundancia de formas y diseños.

Según Ruth Corcuera, el poncho fue protagonista de una floreciente industria textil en la Argentina en los albores del siglo XIX. Al estudiar la producción de materias primas y manufactura de estos textiles, así como las rutas comerciales desde los centros productivos hacia las metrópolis, se comprenden aspectos sociales y económicos de épocas que consolidaron la construcción de la República, acrecentando la identidad nacional. La presencia del poncho para la formación de la Nación se evidencia tanto en las crónicas históricas y literarias, como en las artes visuales y en los registros o asientos comerciales de las economías regionales desde la época colonial hasta fines del siglo XIX.

Su funcionalidad y versatilidad han hecho del poncho un elemento estratégico para el gaucho. No obstante la calidad técnica y estética de su manufactura denota un universo simbólico, que perdura hasta nuestros días, no sólo como código vestimentario sino como registro de antiguas tradiciones ágrafas, como indicador de roles y jerarquías sociales.

Actualmente el poncho está presente en importantes pasarelas internacionales, la moda en la calle también da testimonio de su aceptación como tendencia. La muestra propone una clave de lectura sobre estos elementos iconográficos asociados a los cambios histórico-sociales de nuestra Argentina. Agrega además una mirada fresca con fotografías contemporáneas del hacer, y el uso del poncho hasta nuestros días.«.

Ximena Eliçabe
Curadora|Diseñadora Textil – Investigadora

Ponchos Alpaca y Lana
Ponchos Alpaca y Lana

Del Bicentenario a la posteridad

«El Museo de Arte Popular José Hernández cuenta con 70 ponchos en su patrimonio. La gran mayoría fueron adquiridos por Carlos Guillermo Daws (1870 – 1947). Apasionado por lo criollo, este descendiente de inglés casado con una criolla, seleccionó con buen ojo y gran criterio, ponchos artesanales del Río de la Plata y algunos ingleses de manufactura industrial de uso común en el siglo XIX y principio del siglo XX. Al morir y no dejar descendencia, su colección (que poseía piezas de plata, cuero, asta, textiles, aperos y cientos de mates) fue comprada en la década del 50 por la municipalidad para dar prestigio al recién creado Museo de Motivos Argentinos.

Los ponchos favoritos de Don Carlos fueron los pampa, de lana de oveja, con guardas simétricas en forma de cruz escalonada en negro sobre fondo blanco. Con ellos posó frecuentemente para notas periodísticas y revistas que se interesaban en su labor ya que él se presentaba como custodio de la tradición. También los prestó para el rodaje de películas como “Frontera Sur” y para exhibir en fechas patrias.

En el 2015 se encaró un plan de conservación textil gracias a la coordinación de la especialista María José Cabal y 3 pasantes (*). Los ponchos se limpiaron, clasificaron, guardaron, protegieron y embalaron con materiales de conservación. También se procedió a cotejar, ampliar y actualizar los datos que aparecían en las fichas del museo y a fotografiar en alta calidad. Todo esto se realizó con la asistencia de personal del museo, la financiación de la Asociación de Amigos y la ayuda de la Fundación Banco Ciudad.

El 2016 planteó otro desafío: se necesitaba hacer un diagnóstico de los ponchos y un plan de intervención para su preservación y acondicionamiento en el tiempo. Bajo la supervisión de la investigadora Ximena Eliçabe y la conservadora textil Noelia Gáname, se eligieron las piezas a tratar. Más de 10 meses de delicada tarea para hacer pequeñas pero necesarias intervenciones para su puesta a punto. Todo esto fue acompañado por un minucioso registro fotográfico además de fichas técnicas con la descripción de condiciones y reporte de lo realizado.

No voy a hacer una explicación histórica de la importancia del poncho en nuestro pueblo porque esto lo harán Ruth Corcuera y Ximena Eliçabe en las páginas posteriores. Solo querría remarcar que se expondrán textiles que están en manos privadas y públicas que contienen los más representativos ejemplos de esta prenda.

A 200 años del Cruce de los Andes realizado por José de San Martín y a 70 años del fallecimiento de Carlos Daws, el coleccionista que reunió y armó esta colección, estos ponchos se lucen remozados y dispuestos a perdurar para nuestra posteridad. Nuestros hijos serán los herederos de esta conjunción de hilados, historia y testimonio de nuestra identidad.«.

Felicitas Luna
Directora MAPJH

(*) Las pasantes fueron Martina Cassiau, Antonella Tossicci y Berenice Larsen Pereira

El poncho en nuestra región

«La arqueología muestra la vinculación del poncho con las repúblicas de Perú y Bolivia, pero también, gracias a la arqueología, podemos hallar estas prendas en épocas precolombinas en Salta, Catamarca, Jujuy y San Juan.

Podríamos deducir que los ponchos y camisas anteriores o contemporáneos a la dominación inca fueron parte de un rasgo de la cultura textil local que se conservaron en zonas aisladas. Es posible que esos reservorios se comunicaran con otros similares transcordilleranos. Se ha señalado que el noroeste argentino presenta aspectos de tránsito entre zonas tropicales, forestas del Chaco y las altas montañas.

Las investigaciones acerca del ponchos nos llevan a subrayar el papel que la Compañía de Jesús ocupó en la historia de la difusión de esta prenda. Los llamados ponchos a rayas jesuíticos, tejidos en telar de pedal en los obrajes de la Compañía, formaban una prenda completa y única. Era una tira larga de tejido cortada en secciones, por lo general de 20 cm y cosida de lado a lado. El fleco era confeccionado aparte para luego ser agregado a los cuatro bordes como orla decorativa.

Hacia el siglo XVIII, siglo en el que se acentuó el criollismo, el poncho y el mate eran populares en diversos estamentos de la sociedad virreinal. De los datos obtenidos se evidencia que existía una fuerte demanda de ponchos en el mercado de Buenos Aires y que la misma era abastecida , dentro del circuito textil por la producción de las provincias “de arriba”, del norte, y por el tejido de los pampas y araucanos, que gozó desde los momentos iniciales de un gran aprecio.

La superioridad de la lana de las ovejas pampas con relación a las criollas se mantiene en el siglo XIX. Los motivos ornamentales, como los colores, no son hechos que nacen por azar en las sociedades tradicionales. En el tejido pampa del siglo XIX se pueden señalar un amplio número de diseños y un uso del color, que evidencia rastros del viejo fondo común andino, mas el agregado de elementos que provienen de la cultura que se introduce con mas fuerza en el siglo XIX, la cultura mapuche. Este grupo étnico había desplazado a otros grupos anteriores a su entrada, tal fue el caso de los tehuelches. Sin embargo, en ambas “etnias” y en prendas distintas hallamos diseños similares.

Un tipo particular de poncho lo constituye el “pilagá”, a veces llamado poncho chiriguano. Constituyen piezas testimonio de influencias andinas en áreas boscosas, con algunos elementos que los acercan a las tradiciones amazónicas. A veces los diseños se identifican con aquellos que usan en sus bolsas de mallas, pero los ponchos son de lana de oveja y suelen tejerse en técnicas andinas.

A fines del siglo XVIII, en el interior de Córdoba, San Miguel de Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero, fueron áreas de concentración de familias mestizas en las cuales el tejido era un medio de vida importante. Esos grupos rurales estaban compuestos por gentes de origen diverso.

Familias indias que abandonaban sus pueblos, españoles modestos que tenían que subsistir con pequeñas parcelas y, además, mulatos y pardos libres.

La mestización textil, en cuanto a ciertos instrumentos, ayudó a distinguir y demarcó dos grandes líneas: los ponchos a pala y los ponchos a peine. Estos nombres derivan de los instrumentos que sirven para afianzar el tejido y los diferencia: la pala denota su origen indígena, mientras que el peine llegó con los europeos.

Cuando finalizaba el siglo XIII, los ponchos que dominaban por su prestigio eran los de la preciosa vicuña de Belén (Catamarca), los de vicuña de hilado mas grueso altoperuanos, los ponchos llanos cordobeses, los puntanos de lana de oveja, o los ponchos santiagueños de lana y mixtos, de algodón y lana.

En el siglo XIX ponchos de alpaca y vicuña eran bordados con hilos de oro y plata o de seda de colores, con motivos abigarrados de origen hispano-morisco o persa.

El poncho estuvo presente en los ejércitos de los Libertadores. El poncho Patria nació con los blandengues, en el año 1810. Hizo su aparición en el regimiento de Dragones de la Patria y estaba confeccionado con paño grueso de color azul oscuro con forro de bayeta colorada, tenía cuello y abertura, que se cerraba con botones en el pecho.

Podríamos decir que el poncho fue la prenda del criollo en tiempos de guerra y en tiempo de paz.«.

Ruth Corcuera
Doctora en Historia| Investigadora

En revista Todo es Historia N°500 de marzo de 2009. Texto adaptado y cedido gentilemente por la autora y la editorial para este folleto