Yo te cuido -Pequeños Altares- de Paulina Rucco en el Museo Hernández

Yo te cuido -Pequeños Altares- de Paulina Rucco en el Museo Hernández
Yo te cuido -Pequeños Altares- de Paulina Rucco en el Museo Hernández

A partir del jueves 8 de diciembre a las 18:30h. momento de su inaguración, y hasta el 29 de enero, podrá visitarse la muestra «Yo te cuido, Pequeños Altares» de la artista Paulina Rucco, en el Museo de Arte Popular José Hernández ubicado en Av. del Libertador 2373 en el barrio de Palermo.

El jueves 8 de diciembre a las 18.30 h. el Museo de Arte Popular José Hernández inaugura la exposición Yo te cuido Pequeños altares de vírgenes de cerámica realizados por la artesana Paulina Rucco. 
 
La exposición permite percibir otra concepción del territorio y el tiempo, donde la propuesta es demorarse, reflexionar y buscar en la profundidad de nuestras propias relaciones con la Madre (la de cada uno, la naturaleza y la Virgen). 
 
«Un altar, un retablo…. piezas que nacen de la tierra; de la gran madre. En estas obras, el rol del otro es el de hijo. Hijo de la Madre Tierra, hijo de estas vírgenes que se deja envolver con la mirada amorosa y protectora de la madre.»
 
Paulina Rucco se dedica a las artes del fuego. En esta serie; por su vinculación con el tema, eligió a la Madre Tierra como material: la arcilla, que a través del fuego se eterniza y se convierte en cerámica. 
 
En el jardín del museo podrán además disfrutar de una obra colectiva impulsada por ella, el Mandala de la Tierra, realizada en forma participativa, reciclando vidrios rotos de un temporal en la provincia de Buenos Aires (entre otros materiales). 
 
La muestra permanecerá abierta hasta el domingo 29 de enero de 2017, en el Museo de Arte Popular José Hernández, Av. del Libertador 2373 en Palermo, de martes a viernes de 13:00 a 19:00 y sábados, domingos y feriados de 10:00 a 20:00 horas. Entrada $10. Miércoles gratis.
 
El tiempo de la Madre
 
                                               por Heliana Rucco
 
«Celebramos al congregarnos por algo y esto se hace especialmente claro en la experiencia artística. Tanto celebración como experiencia artística tienen algo común: nos invitan a demorarnos y a establecer conexiones con los otros. 
 
Todo el mundo sabe que, cuando hay fiesta, en ese momento, ese rato, están llenos de ella. «(…) Al llenar el tiempo de la fiesta, el tiempo se ha vuelto festivo, y con ello está directamente conectado el carácter de celebración de la fiesta» (Gadamer en la actualidad de lo bello). En ella, por así decirlo, se paraliza el carácter calculador con el que normalmente disponemos de nuestro tiempo. Cuando nos orientamos a los fines de nuestra actividad, a las rutinas, nos aislamos. 
 
Rodolfo Kusch en «La seducción de la barbarie» relata su encuentro con unos indios en el altiplano que pasan horas tomando en una chichería, mientras esperan algo que se mantiene como incógnita. Su espera y la chicha están relacionadas con la celebración del Inti Raymi, una fiesta ritual en donde se derrama chicha en la plaza central para que el sol tenga fuerza para retornar luego del invierno. Esta estación debería estar llena de espera en una economía distributiva basada en la cosecha. El indio, es respetuoso con la madre (tierra), de un ciclo y de las estrategias que ha figurado la vida para seguir existiendo: «el indio sabe esperar (…) Esperó a que crezca la simiente, luego los primeros tallos, luego los frutos y al fin el grano». 
 
Paulina Rucco a través de los proyectos «Para Ir», «Fusionarse, ser uno» y «Yo te cuido» nos invita a poder participar del mito vivencial del tiempo de la espera, el tiempo de la Madre. El que como bien sabían los indios de la chichería es el que rige la naturaleza, la gran madre de toda semilla que se acoge. 
 
Esperar y demorarse es lo más peligroso para la competitividad contemporánea. Tomar consciencia del uso y vivencia del tiempo conduce a la salida de una lógica que nos abruma y absorbe nuestra experiencia. Contra las relaciones clientelares: Perder tiempo y demorarse, aprender de la espera. 
 
En ella, lo cotidiano como lo eterno y lo trascendente crecen –como un organismo. Es decir, en la espera la vida crece.«.
 
Sobre Paulina Rucco
 
Nació en 1978, en Buenos Aires. Formada en la docencia, incursionó en las artes del fuego con el vidrio, curioseando en el taller de su madre. A partir de este momento se entregó al proceso creativo. 
 
Alcanzó reconocimientos nacionales como la primera mención en el salón del Vidrio en el arte 2013, o la selección de su escultura «Una bolsa de esperanza» para el Salón Nacional de Artes Visuales 2014.
 
Entre sus investigaciones se destaca el «Fotovidrio» (realizada junto a Sol Carta) que consiste en el revelado de fotografías en soporte vítreo para alta temperatura, lo que le valió la invitación en 2015 a las VIII jornadas de artes del vidrio en Andorra.
 
Entusiasta en la investigación, profundizó en el proceso, evolucionó en la sinergia con otras disciplinas, como el mosaico, y continuó su formación hasta encontrarse con la nobleza de la cerámica. 
 
Como parte de su evolución, Paulina se dejó abrasar por el fuego del arte participativo, donde el otro tiene un espacio fundamental en la obra. «Dar por Dar», «Fusionarse, ser uno», «Alas para ir» son proyectos comunitarios que lleva adelante desde su casa-taller en Ramos Mejia, donde comparte su experiencia con sus alumnos y otros artistas. Su trabajo comunitario ha sido declarado de interés cultural por la Secretaría de Cultura y Educación de La Matanza.
 
UN ALTAR, UN RETABLO…. Piezas que nacen de la Tierra; de la Gran Madre. En estas obras, el rol del otro es el de hijo. Hijo de la Madre Tierra, hijo de estas vírgenes que se deja envolver con la mirada amorosa y protectora de la madre. 
 
                Esta serie nace el año que decido convertirme en madre.
                Creo en el latir y en lo latente.
                Camino, descubriendo mi sendero, en mi obra y en mi vida, que es lo mismo.
                Y finalmente me di cuenta de que me estaba haciendo (creando) a mi misma.